La verdad es siempre revolucionaria – En la época de la mentira- Público.es

LIDIA FALCÓN O’NEILL es licenciada en Derecho, en Arte Dramático y Periodismo y Doctora en Filosofía. Nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Wooster, Ohio. Es fundadora de las revistas Vindicación Feminista, y Poder y Libertad, que actualmente dirige.

LIDIA FALCÓN O’NEILL es licenciada en Derecho, en Arte Dramático y Periodismo y Doctora en Filosofía. Nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Wooster, Ohio. Es fundadora de las revistas Vindicación Feminista, y Poder y Libertad, que actualmente dirige.

De tal modo titulaba Carlos París su último libro que se publicó póstumamente. Y nunca como hoy este título es definitorio y actual. Cuando el 9 de noviembre se convierte en la olimpiada independentista de Cataluña, después de la farsa que ha supuesto esa jornada, y todos los llamados partidos soberanistas, entre los que se incluyen izquierdas postcomunistas, se felicitan por el éxito de la misma, no cabe más que organizar un velatorio en honor a la verdad, que como decía Gramsci es siempre revolucionaria.

Como denunciaba Orwell en su apocalíptico 1984, los designios del poder se convierten en la única razón política, social y ética. Hasta lograr que los gobernados amen a sus represores, el amor que el protagonista de la novela llega a sentir por el Gran Hermano. Ese Gran Hermano que ha diseñado la torticera campaña que continuada y sistemáticamente han organizado CIU y ERC, desde hace 30 años, para convencer a todos los que viven en Cataluña —no sólo los de pedigrí catalán- de que esta es una nación invadida, expoliada y humillada por España. Y en tal acusación no utilizan esa estúpida fórmula del Estado Español, lo que hubiera sido más acertado, puesto que este Estado español monárquico, capitalista y patriarcal nos oprime, expolia y humilla a todos, catalanes y no catalanes, en todo el territorio de España. Pero la campaña de la cúpula política de Cataluña ha de hacerse siguiendo las consignas que el poder conoce bien:

1º.- Falsifica la historia que hemos vivido conjuntamente todos los pueblos de España para demostrar que únicamente los catalanes han sufrido ocupación militar, represión política y explotación económica.

2º.- Explica que tales desgracias se las han ocasionado los habitantes del resto de España, lucrándose con el trabajo, el esfuerzo y el dinero que los industriosos catalanes obtienen y que los demás les expolian. Las proclamas xenófobas siempre son bien recibidas por los más pobres. El capital sabe bien cómo dirigir el odio de los desposeídos contra sus propios hermanos.

3º.- Asegura que cuando logren sacudirse el yugo de la opresión colonial española, con ocupación militar incluida, todos los catalanes serán ricos y felices.

Para difundir estos eslóganes el gobierno de la Generalitat y los partidos políticos aliados con él, han utilizado los medios de comunicación, de propaganda y de difusión de que disponen, gastando en ello los fondos del Estado a los que tenían libre acceso. Pujol nos enseñó cómo beneficiarse de todo negocio que se hiciera en Cataluña. No se movía un ladrillo sin que el empresario pasara por la caja del consejero de turno. En esta kermesse de las falsas votaciones, dirigida por Artur Mas, se tienen bien olvidadas las corrupciones en que está inmerso el que fue muy honorable President de la Generalitat, y lo que de ninguna manera se quiere recordar es que la propia sede de CIU está embargada para cubrir la responsabilidad civil de las causas judiciales abiertas en el caso Palau de la Música. Pero lo peor es que con los recursos extraídos de los contribuyentes no solo se han hecho ricos los Pujol y sus mujeres y maridos y socios y amigos sino que se ha impregnado a la sociedad catalana de una hostilidad cada vez más profunda al resto de los españoles.

En esta campaña continuada dirigida por CiU y ERC las distorsiones, falsedades y calumnias se han multiplicado. Así es posible que Joan Tardá asegure que en Cataluña hasta 1931 –cuando se crea Esquerra Republicana de Catalunya– no existían más que dos partidos: la Lliga Regionalista de Francesc Cambó y el Partido Radical de Alejandro Lerroux. El partido de la burguesía y el amarillista. Según él tiene que nacer ERC para que exista una izquierda en Cataluña. En su discurso desaparece el Partido Republicano Democrático Federal creado en 1868 y del que fue dirigente el más importante teórico de la República Federal, Francesc Pi i Margall  que todavía en 1930 obtiene 16 escaños, uno de ellos el de su hijo, así mismo Francesc Pi i Margall. Del mismo modo se omite al Bloc Obré y Camperol que se convertirá en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Pero lo más insólito es que no aparezca la CNT, creada en Barcelona en 1910 y que en 1931 lideraba a un millón de trabajadores, que fueron los que lograron derrotar el golpe de Estado de 1936 y hacer la revolución anarco-sindicalista en Cataluña.

Del mismo modo, en tono de víctimas indefensas, los dirigentes independentistas reclaman el protagonismo del pueblo y rechazan la acusación de haber realizado la propaganda continuada de estos últimos años. Pilar Rahola se manifestaba en la televisión hace un par de días indignada por tal suposición, pero mientras tanto el sistema educativo impuesto desde 1980, los espacios televisivos, los carteles, periódicos y discursos de los dirigentes políticos y de los politólogos adscritos al poder han repetido hasta la náusea la necesidad de la independencia para resolver los problemas económicos y políticos de Cataluña. En los programas de televisión, incluidos aquellos que se destacan por su liberalismo, no se invita a ninguno de los representantes de la Asamblea Cívica, de Federalistas de Esquerra, del Partido Socialista de los Trabajadores o de los firmantes del Manifiesto contra la Independencia. En el mejor de los casos se sitúa a una dirigente de Ciudadanos frente a siete independentistas, que jamás explican las deudas que acumula el Govern y a las que deberán hacer frente los catalanes cuando tengan su Estado. Porque si la propaganda no tiene ningún valor, bueno sería suprimir las campañas electorales, con lo que nos ahorraríamos mucho dinero.

La hipocresía más mendaz es la que utiliza el señor Mas cuando dos días antes de la farsa a la que acabamos de asistir, en el programa Salvados, reclama que se realice “un referéndum legal, objetivo y justo”, mientras él ha desplazado 40.000 propagandistas de la independencia a todos los pueblos de Cataluña, que han ido casa por casa preguntando a los habitantes sus preferencias políticas y a los que ha puesto a vigilar las urnas, a custodiar las papeleteas, a realizar el recuento y a intervenir en las mesas. Ningún control sobre el proceso electoral que no sea el de su partido y acólitos. Él mismo nos explica que se han recogido más de dos millones de votos, sin que haya posibilidad alguna de comprobar tal cifra, dando por supuesto, como todos hacemos, que la inmensa mayoría serán favorables a la independencia. Antes de introducir su voto enseñó triunfalmente la papeleta a las cámaras de televisión con el Sí marcado en las dos preguntas. Ni en Guinea Ecuatorial, como denunció el representante de IU, se pueden imaginar unos comicios semejantes. Con estos antecedentes, ¿Artur Mas pretende que ahora se celebre el referéndum legal, objetivo y justo”.

Hoy que estamos en el día siguiente, con el “éxito” de la jornada de la “consulta”, tenemos un Artur Mas envalentonado, unos partidos independentistas exultantes, unos partidos de izquierda o torpes como ICV o vacilantes y dubitativos como PSC, y una ciudadanía engañada. La pendiente del disparate es cada vez más aguda.

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